18 de febrero de 2018

Amor no correspondido (1961), de Barbara Pym

Not fond return of love
Gatopardo Ediciones, año 2017

"A menudo las mujeres eran capaces de organizar cosas que los hombres creerían imposibles."


Sin ánimos de apresurarme, puedo afirmar que mi recorrido literario por el siglo XX ya me ha ofrecido uno de los mayores regalos del año: conocer a Barbara Pym. Me declaro una total admiradora de su manera de contar y de sus personajes femeninos. Las mujeres creadas por Pym transforman las actividades del trajín diario en momentos que merecen ser vividos y apreciados en su sencillez. Un gesto, una flor, una carta no enviada, un silencio pueden cambiar el rumbo de una existencia. Sus historias están situadas en la Inglaterra de posguerra, donde puede apreciarse un cambio de época: las mujeres salen a la calle a estudiar y trabajar, visten de forma más práctica y entablan múltiples relaciones. Se respiran nuevos aires y ellas son conscientes de eso.

Amor no correspondido (1961) tiene como protagonista a Dulcie Mainwaring, una mujer que destaca por su generosidad y su ayuda desinteresada a todo aquel que la necesite, lo que muchas veces provoca que la gente abuse de su bondad. En el inicio de la novela, Dulcie se encuentra en un congreso de editores, al cual ha decidido concurrir después de que su novio rompiera su compromiso porque "no se consideraba digno de su amor". En ese evento, se encontrará con personajes que adquirirán mucha importancia a lo largo de la historia. El primero de ellos es Viola Dace, quien se hospeda en la habitación de al lado y se dedica a la confección de índices, al igual que nuestra "heroína". Frente a ella, Dulcie se siente apocada y pueblerina, parecen no tener ningún interés en común hasta la aparición del carismático Alwin Forbes. Alrededor de su figura, la protagonista y Viola sellarán su extraña amistad, cuyo mutuo interés estará dirigido a "cuidar" de ese enigmático galán. 

"Cuando le llegó el programa del congreso, lo vio justo como el tipo de actividad recomendable para mujeres en su situación: una oportunidad de conocer gente nueva y entretenerse con la observación de vidas ajenas"

El sujeto que capta todas las miradas es un hombre maduro, muy apuesto y seductor al parecer, que se encuentra atravesando el duelo tras el rompimiento de su matrimonio. Según nos pone al corriente Viola - es una testigo directa del hecho - la separación habría tenido lugar tras un engaño amoroso cometido por el propio Alwin. Dulcie queda encantada con su erudición y las citas literarias que incluye de forma permanente en sus conversaciones, pero, sobre todo la atrae su exquisita fragilidad. De modo que la atracción que, al principio, le parecía solo un enamoramiento fugaz se transforma en el interés central de su vida. Con el correr de los capítulos, veremos cómo la protagonista y su amiga se dedicarán a investigar el entorno familiar de Alwin, a merodear por su casa y la zona que este suele frecuentar. Dulcie ha hecho de Forbes el hombre de sus sueños y ahora, como si de una Madame Bobary del siglo XX se tratara, intenta que las piezas de ese hombre ficcional coincidan con el real. Casi sin querer, irá tejiendo una suerte de red que la hará desplazarse del lugar de mera observadora de esa vida para volverse parte de ella.

"Dulcie, cuando vio desde la ventana cómo se detenía el taxi, bajaba Aylwin de él y le daba al taxista lo que parecía una propina demasiado generosa, pensó: ¡qué maravilloso sería que viniese a verla a ella! El corazón no pudo por menos de darle un vuelco ante la inesperada imagen de él acercándose a la puerta. ¿Quién saldría corriendo a recibirlo, para reunirse con su corazón?"

Barbara
Barbara Pym (1913-1980) es una novelista inglesa, cuya obra se destaca por hacer foco sobre las "vidas pequeñas" de la clase media, el uso sutil de la ironía y un exquisito humor. Esta novela puede definirse como una comedia de enredos, por la que desfilan mujeres aburridas de la rutina; jóvenes que disfrutan de las libertades ganadas; esposas desencantadas; y galanes con problemas de conciencia. La voz narrativa nos ofrece, además, el punto de vista en contrapunto de una gama variada de personajes. De modo que podremos observar diversos momentos de la historia a través de diferentes miradas. Creo que el personaje de Dulcie, en particular, está muy bien logrado. No tenía muchas expectativas puestas en ella, sin embargo, logra ganarse de a poco su lugar como heroína. Las reminiscencias con las mujeres creadas por Austen son inevitables.



11 de febrero de 2018

Fahrenheit 451 (1953) , de Ray Bradbury

Editorial Debolsillo, 2015
176 páginas

"La temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde"


La lectura de Fahrenheit 451 nos transporta a un futuro en el que los libros son enemigos del sistema y, como tales, son combatidos. La historia se desarrolla en un futuro indeterminado y en una ciudad incierta donde, algo es seguro, las leyes del capitalismo han triunfado. Los ciudadanos son descritos como seres individualistas y taciturnos, cuya única preocupación es ganar el dinero suficiente para adquirir productos tecnológicos que les faciliten la vida; pero, sobre todo, les permitan aparentar un mayor status frente a otras personas. El contacto con otros  seres se ha perdido, un individuo corriente suele pasar la mayor parte de su vida mirando televisión, en pantallas del tamaño de una pared, o  dormido por obra de píldoras. Tareas tan naturales como salir a caminar, conversar con alguien, leer un libro o mirar al cielo se han perdido. Incluso, algunas de ellas son penadas con la cárcel o con una estancia en el hospital psiquiátrico.

En medio de esta sociedad muda y taciturna, el narrador nos presenta a Montang, quien en el transcurso del libro comenzará a preguntarse si las cosas eran igual en el pasado o si acaso es posible vivir de otra manera. Montang es un hombre maduro, está casado con una mujer llamada Mildred y trabaja como bombero. Sin embargo, en este mundo del futuro la labor de un bombero ya no consiste en apagar incendios sino en provocarlos y sus presas principales son los libros. Cabría preguntarse por qué en el futuro los libros son considerados objetos perturbadores y peligrosos, pero, todos aquellos que somos lectores sabemos de su poder disruptivo, capaz de: movilizar las ideas preestablecidas, hacernos vivir otras vidas, imaginarnos otros, conocer el pasado y construir ideas cada vez más complejas. Por todo ello, no es extraño que los libros sean amenazas para el orden vigente. En este sentido, los bomberos se convierten en "los guardianes de la paz y el orden" y cumplen una tarea indispensable: cazar libros y evitar que los ciudadanos lean (¿piensen, recuerden, conozcan, sepan, cuestionen?). 

"Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador (...) El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas (...) en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía." (2015:13)

La insatisfacción de Montang con su vida y su trabajo no surge de un día para el otro, sino que va en ascenso hasta transformarse en una decisión real de cambio. El detonante de sus dudas es su vecina de dieciséis años, Clarisse McClellan, con quien mantiene enigmáticas charlas de camino a su casa después del trabajo. A Clarisse le gusta: caminar bajo la lluvia; deambular a altas horas de la noche por las calles desiertas; conversar con su tío acerca del pasado; mirar las nervaduras de las hojas de los arboles; llorar de vez en cuando; hacer preguntas indiscretas a desconocidos: ¿es usted feliz? ¿está enamorado? A Clarisse no le gusta: cumplir su cita con el psicólogo, al que asiste por un pedido expreso de la escuela. Su joven vecina le descubre un mundo lleno de posibilidades y genera en Montang las ganas, hasta ahora reprimidas, de abrir un libro y leerlo. Nada será igual a partir de ese momento, su apacible vida cambiará de la noche a la mañana y el personaje tendrá que probar que está preparado para asumir su nueva realidad.


Montang y Clarisse según la versión
cinematográfica de 1966.

"Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie. Usted es uno de los pocos que congenian conmigo. Por eso pienso que es tan extraño que usted sea bombero. Porque la verdad es que no parece un trabajo indicado para usted." (2015:33)


"Montang se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto." (2015:17)



Ray
Ray Bradbury (1920-2012) es un escritor estadounidense, considerado un maestro del relato fantástico y de ciencia ficción. En su obra, se hace evidente su preocupación por el avance de los valores capitalistas, la alienación del ser humano y la automatización de la vida. En sus novelas y cuentos apreciamos como las personas se han convertido en productos en serie, que hacen, creen y piensan lo mismo; en tanto que relegan todo aquello que los hace especiales y únicos (sus sentimientos, su vocación, sus pasatiempos). Algo que me encanta de este escritor es su estilo, sumamente poético. Su prosa está llena de metáforas e imágenes sensoriales. En fin, tan solo me resta animarl@s a que le den una oportunidad a esta increíble historia, que dialoga de forma directa con nuestro presente. Me sigue admirando el poder premonitorio de las obras de ciencia ficción.



7 de febrero de 2018

Mis desafíos lectores 2018

No quiero dejar pasar febrero sin antes comentarles los retos lectores que emprenderé en el transcurso de este año. Me enfocaré, sobre todo, en que estos me ayuden a organizar las lecturas que tengo pendientes hace tiempo.  Para comenzar, me propongo avanzar en el reto A century of books, el cual inicié a fines del año pasado. Este implica realizar un recorrido por todo el siglo XX, a través de libros que hayan sido editados en el transcurso de 1900 a 1999. Considero que esto implica todo un desafío para mí, porque últimamente suelo inclinarme a lecturas del siglo XIX y no encuentro el momento preciso para leer a autores tan imprescindibles como: Scott Fitzgerald, Katherine Mansfield, Carlos Fuentes, Roberto Bolaño, Willa Cather, entre tantos otros y otras. 

Un viaje por el siglo XX
Hace unos meses atrás inicié la elaboración de mi lista de libros y autores representativos. Pueden observar mi selección haciendo un click sobre la imagen. En ese apartado, además, encontrarán mayor información acerca del desafío. Como podrán observar, mi lista está incompleta aún, dado que no he tenido el tiempo de sentarme a averiguar el año exacto de publicación de ciertos libros que me gustaría leer, ya que una de las "restricciones" es que las fechas de edición no se superpongan. Como verán, exige bastante tiempo de preparación extra, por lo que no me pongo un plazo exacto para terminarlo. Pero, espero poder avanzar, al menos, hasta 1950 este año. Desde ya, escucho cualquier recomendación que gusten darme, tengan en cuenta que el reto incluye cualquier género literario, no necesariamente debe tratarse de novelas (aunque mi lista diga lo contrario).


Leo Clásicos

El segundo desafío de este año es la lectura de Clásicos, propuesto por el blog Fantasía Mágica. Como ya deben imaginarse, este consiste en la lectura de libros clásicos (esos que perduran a través del tiempo). Para elaborar mi lista, incluí libros editados desde el siglo XIX para atrás y tomé como referencia libros que están en mi biblioteca y aún no he tocado ;( Lo positivo de este reto es que la cantidad de libros queda a nuestro criterio, así como los títulos que elegiremos. En fin, l@s invito a darle un vistazo a mi lista de clásicos:
1. Shirley (1849), de Charlotte Bronte
2. El retrato de Dorian Grey (1890), de Oscar Wilde (novela)
3. Crimen y castigo (1866), de Fedor Dostoievsky (novela)
4. Ismaelillo (1882), José Martí (poesía)
5. Drácula (1897), de Stoker (novela)
6. La inquilina de Widefell Hall (1848), de Anne Bronte (novela)
7. Filosofía de tocador (1795), del Marquéz de Sade
8. La herencia de Ezter (1878), de Sándor Márai (novela)
9. La tempestad (1623), William Shakespeare (teatro)
10. Ifigenia en Áulide, de Eurípides (tragedia)
11. La Orestíada, de Esquilo (tragedia)
12. Naná (1880), de Emile Zola
13. Decamerón (1353), de Giovanni Bocaccio
14. David Copperfield (1850), de Charles Dickens
15. La leyenda del jinete sin cabeza (1820), de Washington Irving
16. La dama de blanco (1859), de Wilkie Collins
17. Daniel Deronda (1876), de George Elliot
18. Recuerdos de provincia (1850), de Domingo Faustino Sarmiento
19. Los empeños de una casa (1683), de Sor Juana Inés de la Cruz (teatro)
20. Las Bucólicas (41 y 37 a. de Cristo), de Virgilio (poesía)

Otra vez, el siglo XIX se impone en mis preferencias. Pero, estoy bastante conforme con todos los autores elegidos, ya que a la mayoría los leeré por primera vez gracias a este reto. Cruzo los dedos para tener grandes experiencias de lectura durante este año. Les deseo lo mismo. A medida que vaya leyendo, publicaré las reseñas de los libros que haya disfrutado más. Un, dos, tres...a leer!

1 de febrero de 2018

Un cuarto propio (1929), de Virginia Woolf

Comparto con ustedes la hermosa  y dedicada
edición de la Editorial Lumen del año 2014, con la

traducción de Jorge Luis Borges.

Hace tiempo que tengo ganas de recomendarles un libro de Virginia Woolf y creo que ha llegado el momento oportuno, ya que el 25 de enero pasado se cumplió el 136 aniversario de su nacimiento. Desde el principio, cuando apenas fantaseaba con la idea de escribir esta reseña, tenía claro que el libro elegido sería Un cuarto propio (1929). Se trata de un extenso ensayo sobre "Las mujeres y la novela", que la autora escribió en ocasión de una conferencia que ofreció acerca de esta temática. Como bien podrán percibir el tema propuesto es bastante amplio y admite múltiples abordajes: las mujeres que escriben novelas, los personajes femeninos en las novelas, en qué se diferencia la "escritura femenina" de la "masculina", por ejemplo. En una lección magistral de escritura, Virginia los aborda a todos y realiza, además, un análisis del lugar marginal de la mujer en el campo literario y la vida social, mediante una investigación de las causas históricas e ideológicas de este relegamiento.

En el inicio del primer capítulo, son seis en total, la autora plantea la tesis que defenderá en el transcurso de su escrito: "Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio". Frase que con el correr de los años no ha perdido un ápice de verdad y se ha extendido incluso a otros ámbitos: ¿qué sería de una historiadora, una periodista, una científica, una pintora o una cineasta sin un cuarto propio y algo de dinero que le ofrecieran la libertad y el respaldo para dedicarse a hacer lo que les gusta? Es cierto que las mujeres ocupan aún pocos anaqueles en la biblioteca, señala la autora, pero eso no tiene que ver con la falta de capacidad sino con fundamentos sociales y culturales muy enraizados. Entre las principales causas de la escasez de producción femenina en el ámbito literario (¿por qué la literatura inglesa no cuenta con referentes femeninos antes del siglo XVIII, por ejemplo?), Virginia señala la educación deficiente; la carencia de tiempo creativo y de un espacio propio; la opinión pública en contra y los preceptos morales a cumplir; la falta de una tradición literaria femenina desde la cual partir y elevarse. 

Las ilustraciones de Becca Stadtlander engalanan
la tapa y anteceden el inicio de cada capítulo.

"Lo deplorable, continué, volviendo a investigar los estantes, es que nada se sepa de las mujeres antes del siglo XVIII. Aquí estoy preguntándome por qué las mujeres no hicieron versos en la época isabelina, y ni siquiera sé si las educaban; si les enseñaban a escribir; si tenían sus salas propias; cuántas mujeres tenían hijos antes de los veintiún años; qué hacían desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Es evidente que no tenían dinero." (2014:68)



Creo que esta es mi habitación preferida.


"Cada vez que una lee de una bruja tirada al agua, de una mujer poseída por los demonios, de una curandera vendiendo hierbas y aun de la madre de un hombre célebre pienso que estamos en la pista de una novelista, un poeta abortado, o una Jane Austen muda y sin gloria, una Emily Bronte rompiéndose los sesos en el páramo o recorriendo con desolación los caminos, trastornada por la tortura de su genio. Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer." (2014:71) 


Resulta muy interesante el rastreo bibliográfico que realiza la autora sobre las mujeres escritoras que antecedieron a las grandes novelistas, quienes no solo les heredaron un modelo desde el cual partir (un estilo, un registro, una descripción) sino también les dieron la confianza necesaria para que se animaran a desoír los preceptos establecidos y escribieran. No pude dejar de conmoverme ante la alegría que demuestra la autora cuando logra dar con los textos de una poetisa oculta y olvidada, por lo general, damas de la nobleza que desafiaban a sus padres o a sus maridos en la reclusión de su cuarto y que pocas veces se animaban a mostrar lo que escribían a algún allegado. La situación no cambió mucho durante el siglo XIX, junto a Virginia observamos cómo Jane Austen se las ingeniaba para escribir en la sala común y escondía sus escritos cuando llegaban las visitas; cómo las hermanas Bronte ocultaban su genio tras seudónimos masculinos. La autora concluye que la novela termina siendo el género predilecto de las escritoras porque requiere menos tiempo y concentración que un soneto, por ejemplo. Con el correr de los años, imagina la autora, los temas autobiográficos y los pasajes de reclamo y autoafirmación de estas primeras novelas, cederán a favor de obras más sólidas y autosuficientes, porque las mujeres tendrán la libertad de espíritu, el dinero, el tiempo, un cuarto propio y ya no envidiarán la suerte de los hombres.

Virginia
Virginia Woolf (1882-1941) es una reconocida escritora inglesa y una activista incansable por los derechos de las mujeres. No solo aboga por el derecho al sufragio sino también por el mismo nivel de participación de la mujer en la esfera pública, a través del acceso al estudio y al trabajo. En el ámbito literario, destaca como una de las principales exponentes de la experimentación literaria a mediados del siglo XX, con un empleo exquisito de técnicas tales como el montaje, el monólogo interior y el fluir de la conciencia. Dentro de su vasta obra me gustan y recomiendo la lectura de sus novelas Al faro (1927), Orlando (1928), Los años (1937), La señora Dalloway (1925) y Las olas (1931), en la cual se hace especialmente patente la experimentación técnica de la que hablaba. Por supuesto, l@s animo a darle un oportunidad a este ensayo imprescindible y a disfrutar de la calidad de su escritura.